Seamos sinceros: era cuestión de tiempo para que alguien le pusiera un freno a la locura del “hago un clic y soy dueño del mundo”. Si pensabas que ibas a llenarte de guita registrando obras que escupió una IA sin que vos movieras un dedo más que para escribir un prompt, tengo malas noticias. La Corte Suprema de Estados Unidos acaba de confirmar lo que muchos veníamos sospechando: si no hay humano, no hay copyright.
El caso que acaba de rebotar en la justicia yanqui tiene nombre y apellido: Stephen Thaler. Este muchacho, un científico informático que viene peleando esto desde hace años, intentó que la Corte Suprema revisara su caso, pero los jueces decidieron ni siquiera escucharlo. ¿El resultado? Queda firme la decisión de que el arte generado por IA no puede tener derechos de autor.
La batalla perdida de Thaler y su “Creativity Machine”
Para que entiendan el contexto, esto no es un pibe jugando con Midjourney o DALL-E en sus ratos libres. Thaler creó su propio sistema, al que llamó “Creativity Machine”, y generó una obra titulada “A Recent Entrance to Paradise” (Un ingreso reciente al paraíso). El problema es que Thaler quiso registrarla en la Oficina de Copyright de EE.UU. poniendo al algoritmo como autor.
Desde 2018 que viene con este tango. La Oficina de Copyright se lo rechazó en 2019 y de nuevo en 2022. El argumento siempre fue el mismo y es lapidario: falta autoría humana. Thaler apeló, fue a jueces federales, y ahora intentó la carta de la Corte Suprema, que directamente le cerró la puerta en la cara.
Lo interesante acá es la distinción técnica:
- Thaler no usó una IA comercial; él programó el sistema.
- Aun así, la justicia dice que la imagen final no fue creada por él, sino por la máquina.
- Por ende, no hay sujeto de derecho (humano) a quien proteger.
Sin intervención humana, no hay negocio (legal)
Esto sienta un precedente gigante, y ojo, porque lo que pasa en Estados Unidos suele marcar la cancha para el resto, incluso para nosotros acá en el sur. La lógica es simple: el derecho de autor existe para incentivar y proteger la creatividad humana. Si una máquina lo hace sola, ¿a quién le vas a pagar regalías? ¿Al servidor?
Los abogados de Thaler están indignados, diciendo que esta decisión va a impactar negativamente a la industria creativa en años críticos. Yo, personalmente, creo que es todo lo contrario. Esto nos salva de una inundación de basura registrada automáticamente por granjas de bots. Según reporta Engadget, Thaler ya había intentado patentar inventos generados por IA y también lo sacaron carpiendo.
¿Qué significa esto para vos?
A ver, no entres en pánico. Esto no significa que no puedas usar IA en tu laburo. Significa que la IA es una herramienta, no el artista. Si vos usás Photoshop, el copyright es tuyo, no de Adobe. Pero si le decís a la IA “haceme un dibujo” y lo publicás crudo, no esperes que la ley te proteja si alguien te lo copia.
Para tener derechos sobre una obra, vas a tener que demostrar que hubo una intervención humana sustancial. Editar, componer, modificar, pintar encima. En resumen: vas a tener que laburar. La era de la generación sintética pasiva con protección legal acaba de recibir un golpe de nocaut, y honestamente, me parece perfecto.


















